martes, 26 de junio de 2012

                                                     El Infierno en la Literatura 

          Los griegos crearon la Katábasis, el viaje del héroe al infierno, lo que se convirtió en una exigencia propia de la construcción de textos sobre la muerte. Aparte de los clásicos, el más destacado es el "Alcestis" de Eurípides, en donde, un el protagonista desciende al infierno a buscar a su esposa que había preferido morir en lugar de él. Otro viaje de este tipo es "Una temporada en el infierno", de Rimbaud, aunque todavía está por desentrañarse si de lo que habla el poeta francés es del infierno que nos han enseñado o si habla de otra cosa. Más antiguo existe "El libro de los muertos" egipcio, en el cual se les enseñaba al muerto, mediante la recitación de unos versos, el camino que debía seguir en el infierno. En fin, de todas formas creo que ya nombraste al más perfecto (el de Virgilio en el canto VI de la Eneida), y al más bello, (el Inferno de Dante).
    


     El infierno, el Hades o el Sheol fueron las metáforas que, de manera gráfica, trataron de explicar una actitud y un punto de vista determinado. Basado en el análisis psicológico, se asume al infierno como un estado en donde «se entra por voluntad propia» al igual que el Paraíso, en otras palabras, es un estado emocional y punto de vista accedido por el libre albedrío explicando así los estados agónicos o de perpetuo dolor y sus contrapartes de placer y bienestar que experimentan los seres humanos, expresados como emociones.En épocas antiguas, la mejor forma de ejemplificar algo era de forma gráfica; lo hacía fácil de comprender para muchos.
     Basados en los criterios, experiencias y enseñanzas de cada uno, el infierno tiene muchos puntos de vista o perspectivas, ya que lo que podría ser considerado como loable para unos, para otros sería deplorable y viceversa. Estos puntos de vista discreparían en distintos lugares y tiempos, un ejemplo de ello se ve en los primeros años del cristianismo. Existían muchas acciones consideradas como herejías, señalando un estilo de vida muy específico a seguir para alcanzar la gloria. Dentro de este contexto, se señalaba a cualquiera que pecaba o no seguía el camino señalado, como condenado al Averno (infierno), ya que se enseñaba concretamente (no adecuado en sí) qué era bueno y qué era malo.
     Desde este punto de vista, el hombre se enfrenta a demonios y llega a acceder al infierno basado en sus criterios, pero los demonios actuales son la emociones negativas, entre las más relevantes: la depresión, ansiedad y desesperación (entre otras); se puede citar muchas más que nos llevan al punto agónico (el infierno en sí, en forma literal), que es cuando no vemos la salida a un problema en particular. Además, el infierno puede ser tomado o interpretado de diferentes maneras según la religión o ideología de las personas. Se podría decir que el infierno es el recóndito pensamiento y arrepentimiento que nos creamos por las mala acciones que llegamos a hacer en algún momento.