jueves, 25 de octubre de 2012


                                                    La Ilíada y sus Dioses

           Los dioses están muy presente en le vida de los personajes de La Ilíada. Participan en la vida de los hombres, en ciertas ocasiones, para perjudicarlo o beneficiarlos. A dioses y hombres los aquejan las mismas pasiones, y la única diferencia entre ellos es que los dioses poseen la inmortalidad. Los dioses pueden tomar la forma que quieran y mostrarse a quien quieran.
            Cada dios tiene su sacerdote, su templo y su culto particular, para agradecer o pedir algo hay que ofrendar a los dioses, las ofrendas varían de acuerdo al dios que se trate, a las diosas se les ofrenda vestidos, flores y perfumes. Los sacrificios generalmente son de animales pero si el pedido es muy importante se hacen sacrificios humanos.
            Existen lugares llamados oráculos, y es a donde se va para interpretar sueños o señales enviadas por los dioses, quien los interpreta es el sacerdote. Si se desobedece a un sacerdote se esta desobedeciendo a un dios.
            “Canta, oh diosa, la cólera pélida Aquilea” así da comienzo al canto I, y esta fue quizás la causa que hizo que los aqueos sufrieran más en el último año de guerra, no es que no habían sufrido ya los nueve anteriores. Ya que Agamenón, jefe de los aqueos, había provocado la ira de Apolo, la faltarle el respeto a su sacerdote, Crises. La primera intervención divina surge aquí. Apolo, dios antropomorfo baja del olimpo a la tierra, para darles un castigo a los dánaos o aqueos.


            También aparecen otro tipo de intervenciones, por ejemplo en el décimo día desde que comenzó la peste enviada por Apolo, una diosa, Hera, pone en el corazón de Aquiles, el mejor guerrero de los aqueos y principal protagonista, la idea de convocar un ágora. Homero utiliza la intervención divina para justificar la acción de Aquiles. Calcas, el mejor de los augures dice que es lo que tienen que hacer para que “renazca la esperanza” y para que Apolo retire la peste.
            Pero no da garantía absoluta de que tiene la solución, porque ningún ser humano es capaz de saber lo que piensan los dioses. Apolo lleva la peste al campamento de los aqueos, por un ruego de su sacerdote, quien había sido ofendido por Agamenón y Apolo lo escucha, por eso causa males a los aqueos. En el ágora Aquiles tiene una disputa con Agamenón, y esta llega hasta el punto que Aquiles se debate entre dos opciones matar a Agamenón o calmarse, su corazón dice mátalo, y su mente; cálmate.
            Cuando Aquiles esta a punto de seguir a su corazón, aparece en la Ilíada la segunda intervención divina, baja del olimpo Atenea enviada por Hera, en ese momento comienza un intercambio de palabras entre la diosa y Aquiles, solo él puede ver a la diosa.
            Atenea incita a Aquiles de que en lugar de usar la espada utilice las palabras, ya que   como diosas sabe que Aquiles necesita desahogarse.
            Aquiles acata la petición de la diosa. “quien a los dioses obedece, es por ellos muy bien atendido”. Minerva regresa al olimpo con la misión cumplida, luego en el canto VI aparece un ruego a Zeus por parte de Héctor, y este le ruega, con una oración, un futuro mejor, que todos saben nunca sucederá.
            Todos los protagonistas usan a los dioses en sus discursos: en el canto I Agamenón la da a entender a Aquiles que Zeus esta de su lado, cuando de verdad no lo sabe. Pero esto causa en los demás temor, ya que Zeus es el dios más poderoso de lo dioses olímpicos. Habría que preguntarse entonces si este uso tiene otros propósitos, que ni el mismo Homero, se atreve a disutir.

martes, 26 de junio de 2012

                                                     El Infierno en la Literatura 

          Los griegos crearon la Katábasis, el viaje del héroe al infierno, lo que se convirtió en una exigencia propia de la construcción de textos sobre la muerte. Aparte de los clásicos, el más destacado es el "Alcestis" de Eurípides, en donde, un el protagonista desciende al infierno a buscar a su esposa que había preferido morir en lugar de él. Otro viaje de este tipo es "Una temporada en el infierno", de Rimbaud, aunque todavía está por desentrañarse si de lo que habla el poeta francés es del infierno que nos han enseñado o si habla de otra cosa. Más antiguo existe "El libro de los muertos" egipcio, en el cual se les enseñaba al muerto, mediante la recitación de unos versos, el camino que debía seguir en el infierno. En fin, de todas formas creo que ya nombraste al más perfecto (el de Virgilio en el canto VI de la Eneida), y al más bello, (el Inferno de Dante).
    


     El infierno, el Hades o el Sheol fueron las metáforas que, de manera gráfica, trataron de explicar una actitud y un punto de vista determinado. Basado en el análisis psicológico, se asume al infierno como un estado en donde «se entra por voluntad propia» al igual que el Paraíso, en otras palabras, es un estado emocional y punto de vista accedido por el libre albedrío explicando así los estados agónicos o de perpetuo dolor y sus contrapartes de placer y bienestar que experimentan los seres humanos, expresados como emociones.En épocas antiguas, la mejor forma de ejemplificar algo era de forma gráfica; lo hacía fácil de comprender para muchos.
     Basados en los criterios, experiencias y enseñanzas de cada uno, el infierno tiene muchos puntos de vista o perspectivas, ya que lo que podría ser considerado como loable para unos, para otros sería deplorable y viceversa. Estos puntos de vista discreparían en distintos lugares y tiempos, un ejemplo de ello se ve en los primeros años del cristianismo. Existían muchas acciones consideradas como herejías, señalando un estilo de vida muy específico a seguir para alcanzar la gloria. Dentro de este contexto, se señalaba a cualquiera que pecaba o no seguía el camino señalado, como condenado al Averno (infierno), ya que se enseñaba concretamente (no adecuado en sí) qué era bueno y qué era malo.
     Desde este punto de vista, el hombre se enfrenta a demonios y llega a acceder al infierno basado en sus criterios, pero los demonios actuales son la emociones negativas, entre las más relevantes: la depresión, ansiedad y desesperación (entre otras); se puede citar muchas más que nos llevan al punto agónico (el infierno en sí, en forma literal), que es cuando no vemos la salida a un problema en particular. Además, el infierno puede ser tomado o interpretado de diferentes maneras según la religión o ideología de las personas. Se podría decir que el infierno es el recóndito pensamiento y arrepentimiento que nos creamos por las mala acciones que llegamos a hacer en algún momento.